franco a bordo (I)
Aunque no es muy habitual en mí, en esta
narración no voy a tener más remedio que dividirla en dos
partes, porque me ha sido imposible dejarla en una. Sólo un
ruego al lector, que es para advertirle que si no lee la segunda parte
que saldrá publicada a principio del próximo mes, se
quedará a dos velas. Gracias por prestarme la atención
debida.
¡Qué mal día me hizo pasar mi
dilecto Rasque!
aunque luego comprobé que no hay mal que por bien no
venga.
Terminadas las faenas de pesca del enésimo
turno, arrancamos del caladero, con viento bonancible poniendo proa a Alicante. Nuestra ETA, no la
vasca, (Tiempo Estimado de Arribada) era de ochenta y tres horas.
Pero a las seis horas de navegación, Poseidón nos
obsequió con una furia desatada proveniente del mar de Liguria,
siéndonos obligado recalar en Cagliari (Cerdeña) después de
doce horas de penosa travesía. Al momento se nos presenta un
señor vestido de paisano que dijo ser el 2º comandante de
la comandancia de marina que embarcó a bordo sin pedir permiso
dejando al marinero que lo acompañaba en tierra, a pesar de la
inclemencia de la noche, y se metió en el puente donde
estábamos El Rasque, El Cagandito y quien esto narra cobijándonos del
impertinente agualcielo. Muy correctamente nos enseñó su
documentación personal sin pedirle que se identificara.
Le expusimos el motivo de nuestra arribada entre
cigarrillos güistons y copas de güisqui. Nos dijo que aprendió
un piccolo de
español estando luchando junto a su hermano en nuestra guerra...
que éste perdió la vida y él escapó por
chamba. Cuando mi tovarich le mencionó Guadalajara se puso lívido
¡No! ¡Jamás estuvo con los fascios de Mussolini!
Él estuvo en el batallón Garibaldi luchando a favor de la
República... y que era antifranquista de toda la vida ... que
era un tifozzi del Internazzionale de Milano... que la escuadra azzurra
era la mejor selección del mundo... que se pasó por la
piedra a más de una signorina española allá en el
frente o cuando entraban en algún pueblo, por un plato de
lentejas o cuatro perragordas... hasta cogió purgaciones. Eran las viudas de la
guerra.
-Yo también estuve...(Paré a mi
tovarich, previo pisotón)...
Y ya no volvió a despegar la boca.
-Me llevaré los papeles- dijo el nota entre Pinto y Valdemoro- y
cuando amaine os los entregaré.
Al día siguiente viene un marino para que
le acompañe a la Comandancia.
-¿Con que esas tenemos, eh?- me
espetó el beodo de buenas a primeras. Resulta que el hijo de
pu.., hurgando en el rol encontró un papel sin tener yo ni
puñetera idea de que estuviese allí. Era un documento en
el cual un capitán de la Benemérita acreditaba que mi menda era
adicta al Glorioso Movimiento Nacional Sindicalista. El tío
echaba bilis por el befo.
Para comprensión del lector; en los
años 40 al 60, se agilizaba la documentación para la
construcción de un barco, pero había un pero.
Tenías que ser franquista si querías ser propietario de un barco, aunque
en mi caso era el de co-propietario. Había que ser amigo de otro
amigo de la autoridad para conseguir el dichoso documento. No
tragó el punto filipino mi historia. Para el macarroni, yo era
un fiel secuaz del Régimen. Y quería “ponerme la proa” a
ultranza.
-¡Tráigame el francobordo!-, me dijo.
Esto es un documento donde define la altura de la
obra muerta del barco en una determinada condición de carga. Es
decir, la distancia entre la cubierta corrida más elevada y la
línea de flotación llamada de máxima carga.
Quedé que lo enviaría con uno de mis tripulantes, pues por aquel tiempo
padecía de varices en mi pierna derecha y me era muy penoso
andar.
Quedé sentado sobre uno de los norays y
desde allí llamé a El Rasque: “¡Tovarich! En el cajón de babor hay una carpeta
azul ¿Sabes lo que es el francobordo?”
-Parece mentira Rafalico, que me hagas esa pregunta... ¿cómo no lo
voy a saber?
-¡Bien. ¡Coge ese papel y deja todos
los demás ... Llégate a la Comandancia y se lo entregas al borrachín de anoche,
que te estará esperando... ponlo entre las hojas de una de las
revistas que tengo encima de mi colchoneta, con cuidado de no mancharlo
ni arrugarlo.
El Rasque fue presto al ver mi pernil arremangado
y la pierna hinchada, que dicho sea de paso, me estaba dando por saco
hacía varios meses. Cuando llegué a Algeciras a los tres meses
después de echar la temporá de revé en el
Mediterráneo, con base de venta y suministro en Alicante,
quedé en tierra y me operé de varices.
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