Quien quiera peces... PDF Imprimir E-Mail

quien quiera  peces...
Hay refranes que aunque parezcan verdaderos no reflejan exactamente la realidad. O sea, que en este caso no es menester mojarse el culo como dice el proverbio.
Quien quiera peces, basta con tener unos cuantos euros para llegarse al mercado y adquirirlos, aunque es posible que no se los coma tan frescos como el que acaba de capturarlos. Está claro que el que los captura no le cuesta dinero consumirlo, y encima de eso le tienen que pagar por el pescado que no pueda consumir. Es decir: que vende los peces sobrantes.
El Rasque solía decir que “quien quiera pescado, que lo compre” que es frase más exacta que el manido refrán. Pero como  toda regla tiene su excepción, hay quien come pescado sin capturarlo ni comprarlo. La verdad del cuento es que hoy en día es muy difícil mojarse el culo, pero a cambio de eso al pescador le cuesta un ojo de la cara capturarlos, con el agravante de un esfuerzo físico enorme al embarcarlo a bordo, sobre todo hasta los comienzos de la segunda mitad del siglo XX.
No se puede ni imaginar el que esto no conoce, lo durísimo que es halar de un palangre (180 metros) a una profundidad de trescientas brazas (540 metros), teniendo en cuenta que se calaban unos 120 palangres unidos entre sí, cada cual con 80 anzuelos. Esa labor la hacía un solo hombre con los pies y las rodillas atrabancados en cubierta y borda en un continuo movimiento del barco. Para mejor entendimiento, imagínese a un hombre al borde de una azotea que se balancea en un edificio de 220 plantas, elevando palmo a palmo un cordel como el de tender la colada, en cuyo extremo inferior hay un objeto de 50 kilos. Para este menester usábamos una especie de manoplas, y en cada palangre halado lo relevaba un compañero... y así , en constante rotación hacíamos este menester los 14-16 hombres que componíamos la dotación, desde el patrón al motorista pasando por el cocinero. Estas faena duraba de 10 a 12 horas, según el estado de la mar. A este tiempo había que añadir dos horas más para encarnar, otras tantas para calar e idénticas horas para preparar el pescado y meterlo en la nevera. Todo esto lo repetíamos de ocho a doce días, según nos fuera la pesca.
¡Ay, ay, ay... qué trabajo nos manda el Señor! Era la voz aguardentosa de El Rasque cantando el estribillo de una conocida zarzuela, quizás debido por la euforia de regreso a tierra; estribillo que repitió por enésima vez. Ante tan extraña saloma, no me cupo más remedio que decirle que me hablara en cristiano y se dejase de coplas de picaíllo.  Ni corto ni perezoso se explayó con esta soflama:
“Si Eva no hubiera incitado a Adán a comer la manzana, su Amo no los hubiese condenado a trabajos forzados, pero pensándolo bien, no creo que fuera por una fruta... sino que por un polvo, el autor de sus días lo tomara tan a pecho y los expulsara del Edén. Y lo malo es que todavía le dura el cabreo.
“Consideremos como atenuante, Dafalico, que Adán se preguntaría antes de lo de la manzana, que pa qué serviría aquel apéndice que le colgaba de entre las piernas, a parte de mear. La misma pregunta se la haría Eva cuando descubrió que tenía un clítoris. Dicen que cuando Gabriel le dio la papela con su lanzallamas, sintieron vergüenza al verse en pelotas. Seguro que no sabían el refrán que dice: Lo que se tenga que comer los gusanos... Y por otra parte, si su Hacedor no deseaba que se ayuntasen, no sé para que se entretuvo en hacerles unos órganos genitales tan perfectos... ¿Y para qué les pondría el ombligo si no nacieron de madre alguna? A lo que iba, tovadí. Aquel gran pecado es consecuencia de que ahora mismo te esté dando el coñazo, porque si no pecan, no le hubiera dicho el Justo, ¡Creced y multiplicaos!.. ni eso que le dijo a Adán: Ganarás el pan con el sudor de tu frente. En definitiva, no hubiéramos nacido”.  
Yo... para que tomara resuello le dije:
-Aquel grave pecado va con nosotros al nacer, pero con el bautismo nos quitamos ese lastre.
-¿Y a mí de qué me vale que el cura me quite el pecado, si no me quita la penitencia del currelo manque rece mil Avemarías? Y a los moros, a los chinos y a los indios que no se han bautizado ¿Cómo les van a quitar el pecado?
-Ten presente, tovarich, que el trabajo honra, ennoblece, santifica, da esplendor y es salud.
-Si el trabajo es salud, Dafalico, ¡viva el vacilo de Koch!  
Rafael Montoya
 
 
< Anterior   Siguiente >
© 2010 Apunta, Guía para el ocio y la cultura en Algeciras y el Campo de Gibraltar