alcultura, o la resurrección de la sociedad civil
Se constituyó un día de los inocentes, en Algeciras. Pero la Asociación Alcultura cree que esta ciudad y el Campo de Gibraltar no están para bromas y que, con independencia de la acción institucional, este lugar necesita un reactivo por parte de la sociedad civil.
Incluso bajo la dictadura franquista, nuestras ciudades conocieron la existencia de entidades empeñadas en la divulgación cultural, como los añejos casinos o el círculo mercantil linense, por no hablar de asociaciones como la Sociedad Algecireña de Fomento (SAF), a la que tanto debe la divulgación musical en la tierra de Regino Martínez, o de la Asociación de Cultura y Arte (ACA), que fue fundamental para propiciar el cambio sociopolítico en los años anteriores y posteriores a la transición democrática. O la Sociedad del Cante Grande de Algeciras, que todavía mantiene sus constantes en plena forma. La normalización democrática provocó que muchas de estas entidades, nacidas al rebufo de la clandestinidad antifranquista, desaparecieran e incluso algunos de sus promotores pasaron a la condición de gestores públicos. De un tiempo a esta parte, sin embargo, se aprecia una cierta resurrección de la sociedad civil, a través de organizaciones como el Cinematógrafo Linense en el exilio, el Ateneo de Algeciras, el Club de Lectura que acaba de fletar la revista Speculum, o la prometedora asociación Osmunda, muy activa en los últimos meses.
Alcultura --una iniciativa auspiciada por algecireños residentes en la ciudad o excedentes de ella-- no sólo se posiciona en ese mismo ámbito de la divulgación cultural sino que, en gran medida, pretende constituir una célula de reflexión pública en torno a la realidad estética y creativa de nuestros lares: ¿cómo congenia el paisaje industrial y el desahogado nivel adquisitivo de un sector de la población, con esa desidia ante el hecho, por ejemplo, de que una ciudad como Algeciras, con más de cien mil habitantes, lleve años sin teatro o sin salas de cine? Un hecho absolutamente insólito en la Andalucía de hoy.
Así que no sólo se trata de que la Fundación José Luis Cano --que acaba de nombrar como gerente al eficiente Antonio Berrocal--, la Fundación Dos Orillas de la Diputación de Cádiz, o la Universidad programen actividades o cursos intentando fidelizar al público a sus programas. Se trata también de que los ciudadanos se pregunten por qué nuestra sociedad permanece mayoritariamente ajena a ese esfuerzo. Y ese es el horizonte último de Alcultura, que no sólo pretende volcarse en la promoción de actividades de un cierto nivel, sino también busca agitar las aguas para que la superficie intelectual de esta bahía no se convierta en un mar muerto.
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