anécdotas ‘rasquianas’
No estoy muy seguro si fue El Rasque,
Juanillo El Loco o Rabindranath
Tagore quien dijo: “Aguanta
cañica, que me a dao un robalo”. Pido al lector (al que
lo sepa) que me saque de dudas.
Nos encontrábamos navegando a la
altura de Arrecife con una nortá que echaba chispas por
el rabo. La cáscara de nuez donde íbamos
embarcados corría cierto peligro de zozobrar; por eso
había que estar muy pendiente de la
caña-timón para eludir lo mejor posible las
furias desatadas por Eolo y Neptuno.
Llaman a la puerta del puente. Eran El Rasque y El Tracatrá.
-Pasad...agarraos
bien...¿Qué queréis?
-¿Cómo se llama ese
pueblo?-, me dijo El Rasque señalando para Lanzarote.
-¿Adecife o Defife?
-Se llama Arrecife-, les digo.
-¿Ves como es Defife?-, le dice
nuestro Rasque al Tracatrá, abundando a
continuación: Que le pegas
ca patá al escenadio (diccionario).
Y se quedó tan pancho.
Atardecer de mayo; calma chicha y hay
alegría... pues regresamos a casa con buen turno... la
nevera hasta el tapón... Unos afeitándose, otros
lavándose... hay que estar guapos. La ETA (No la vasca)
sobre las 22 horas... daba tiempo antes de alijar el pescado en
lonja, estar por unas horas “al reoso de cabo
Culo”. El Rasque, quien me acompaña en el
timón, capta una emisora en la radio con una
selección de cante flamenco... Marchena, El Sevillano,
Rafael Farinas...
-¿Qué emisoda es esa,
Dafalico?
- No sé... a ver si lo dice...
A los pocos minutos:
“¡Palmolive!”... Y exclama mi tovarich
eufórico por haber descubierto en el dial una nueva
emisora:
-¡Palmolive... radio Palmolive, Dafalico!...
-Palmolive, el jabón de las
estrellas de cine- dice el locutor. Decepción. No era
radio Palmolive; era radio Tánger.
Alicante. Un caluroso día de
verano. Hemos acabado de arranchar el barco de carnada, hielo,
comestibles, gasoil etc... Son las seis de la tarde y podemos
visitar la ciudad hasta media noche. Unos a pasear, otros al
cine, otros al barrio de las niñas que fuman...el
curdela con su igual... Mi grupo lo componíamos tres
personas con los mismos vicios: pasear, visitar alguna tasca,
comer en alguna terraza e ir al cine. Al comencipio del paseo
de la Explanada hay una rotonda y en medio de ella una estatua.
-Dafalico-, dice El Rasque
señalando para el monumento-. ¿Quién es
ése?
-Ése es Canalejas- le digo.
-Y ¿cómo es que naciendo en
Puerto Real, no tiene allí ninguna estatua?.
El bueno de mi tovarich, como usted se
habrá dado cuenta, confundió al estadista con el
cantaó de flamenco.
Pescando por Agadir la emisora de Radio La
Habana libre se captaba con bastante nitidez. Fidel, como casi
todas las mañanas, decía entre otras cosas:
“Hay que ir avanzando en el trabajo... siempre adelante.
Para atrás, ni para coger impulso”. El Rasque que
lo escuchaba dijo: “Entonces tovadí Dafalico,
¿De qué van a comer los hileros?” Debo
aclarar que el hilero trabaja y acolcha los hilos mirando hacia
la rueca y andando hacia atrás.
En otra ocasión fue mi tovarich al
cine Casino Cinema donde daban la película El signo de la cruz,
en la que trabajaban Claudette Colbert y Frederich March. Los
dos eran paganos. Ella de la alta aristocracia romana y
él centurión. Ella estaba por los huesos del
centurión, pero él, ni puto caso, porque estaba
enamorado de una cristiana y ésta le puso como
condición que se hiciera cristiano. La Colbert acostumbraba
a bañarse en leche de burra. Hay una secuencia en que la
fulana acosa al galán... Y éste ni caso. De
pronto, en el silencio del cine se oye una voz aguardentosa
¡¡Báñala en leche!!
El acomodador con la linterna en ristre
buscaba al gamberro como el que busca una aguja en un pajar. A
la vista del “éxito” se encendieron las
luces, se cortó la película y acudió la
bofia de paisano. De las tres filas del centro, uno sí y
otro no fueron expulsados. El Rasque juró por todos sus
difuntos que él no había sido.
En otra ocasión, en el Salón
Hesperia de Almería fue a ver una película de
Tarzán titulada Tarzán
y su hijo, por Jhonny Weissmuller.
El hijo en la película se llamaba Boy, que quiere decir
muchacho. Hay una secuencia donde Tarzán lo llama a
grito pelado ¡¡¡Booooyyyy!!! Y responde mi
tovarich desde el gallinero: ¡¡¡A mamarla!!!
En esta ocasión ni se encendieron las luces ni se
cortó la película.
En este mismo cine ocurrió que en
el monólogo de Hamlet con la calavera, desde el gallinero, un
niño de pecho comencipió a berrear sin descanso.
El Rasque dijo gritando ¡¡¡Métele la
breva!!!... y la buena mujer se sacó un pecho, le dio
teta al niño... y éste se calló.
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