Diciembre 09 PDF Imprimir E-Mail
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pájaro negro, una novela moral de josé maría garcía lópez

Habrá quien piense que El pájaro negro (Calambur, 2008) rompe la trayectoria novelística de José María García López
-abulense del 45, afincado desde hace mucho en la Bahía de Cádiz-, que en 1992 se dio a conocer con La ronda del pecado mortal, título al que seguirían El baile de los mamelucos (2002) e Infame turba (2006). Pero no es así: existe una coherencia en sus pretextos -ese oriente próximo a veces tan lejano- y en su trasfondo, aunque esta vez haya atenuado el barroquismo de su estructura, que mereció elogios contundentes de críticos como Miguel García Posada o de escritores como José Manuel Caballero Bonald, quien aseguró que practicaba “una literatura en estado puro”.
En El pájaro negro, mantiene la pureza pero se deja contaminar por el compromiso. El propio autor ha asegurado que esta obra, ambientada durante la matanza de Irak que todavía prosigue, es fruto de una toma de conciencia y, en cierto modo, se trata de una novela moral: “No me importa el resultado de las elecciones de Irak -afirma Rosa, la narradora, en la última página del libro- y sí el rosario de muertos para llegar hasta aquí, los que acaso ya calculan los carroñeros de Estados Unidos y aliados para su próxima invasión de Irán u otros países de Oriente”.
Si en anteriores novelas, García López había sido minucioso en la reconstrucción de la historia, ahora aplica esa misma técnica o esa misma devoción a la actualidad. No sólo recopila datos de esa masacre desde la invasión de 2003, sino que los analiza con la precisión de un periodista de los de antes o como un observador riguroso de lo cotidiano, desde el expolio del museo de Bagdad a la historia profunda del país. Hay un hilo conductor de esta narración, la música callada de Ziryab, también llamado El Pájaro Negro, que revolucionó las costumbres andalusíes del siglo IX y que desembarcó en las costas de Algeciras rumbo a Córdoba, desde Bagdad. Su ritmo palpita en el yisr as sirat, el canto que se oye en una de sus páginas como un “prodigio de melancolía y sobrehumana belleza”, en un mundo en llamas. Y subsiste un pesar constante, la muerte  en atentado de Alejandra, la protagonista de esta peripecia cuya presencia y ausencia marcan su argumento: “Alejandra perdió su vida, o se esfumó literalmente de este mundo, el día 18 de noviembre de 2004 en los alrededores de la mezquita de Abu Hanifa, al noroeste de Bagdad. El hecho, que tuvo lugar a los pocos días de la muerte de Arafat y la ejecución de la cooperante Margareth Hassan, fue uno más de una serie que conectaba con los masivos ataques norteamericanos de por esas fechas a reductos  suníes localizados en ciudades como Tikrit, Ramada, Falluja, Bagdad…”, explica García López.
Es una historia trágica, pero al mismo tiempo una historia de amor trágico, a punto del triángulo, una hipótesis que encierra mucho de parábola, porque quizá vivimos aislados de la realidad en una jaula de oro que sólo la muerte o el dolor abren a la vida y a la muerte. Pero lo que puede llamar poderosamente la atención de los lectores, es la incorporación del periodismo como elemento narrativo a través de la publicación de una serie de supuestas entrevistas que no sólo explican acontecimientos, sino posturas individuales frente al conflicto que tanto ha marcado, por cierto, la historia española del último lustro. 
Juan José Téllez

 
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