Diciembre 09 PDF Imprimir E-Mail

la ermita

Hace ya mucho tiempo que su cúpula blanca no se recorta sobre la mar azul con la silueta yacente del Peñón al fondo,  al otro lado de la bahía de Algeciras. La edificación masiva la ha convertido en el centro de un espacio amurallado por apartamentos y hormigón y ya no pueden contemplarse los amaneceres de invierno en los que la ermita se recortaba tornasolada entre cielos anaranjados y rojos, flanqueada por una alameda de plátanos de Indias que formaban un túnel de verdor y de frescura. El edificio, de planta central y estilo neomudéjar, posee un primer cuerpo con arcos de herradura apuntados, que parecen corazones invertidos, rematado por geométricas almenas califales blancas como la nieve. La cúpula, coronada por un crucifijo de forja, remata el exterior sencillo y sin elementos decorativos, salvo unos azulejos que representan un vía crucis. Es su interior, lo que sorprende al espectador que se asoma por primera vez a la diminuta capilla en la que, además de todos los elementos ornamentales religiosos propios, existe, en la pared curva del recinto una lápida realizada en azulejos blancos que contiene una hornacina rectangular con la maqueta de un barco de guerra --un crucero acorazado-- de finales del siglo XIX. El azulejo se halla completamente cubierto por los nombres de muchos hombres que debían constituir la dotación del barco de la hornacina, que debe ser el Infanta María Teresa, buque insignia del almirante don Pascual Cervera y Topete que el 3 de julio de 1898, en el seno del conflicto hispano-norteamericano, se enfrentó a una flota norteamericana muy superior a la suya, a sabiendas de que se jugaba la vida propia y la de muchos de los hombres a su mando. En esa batalla, que Cervera sabía perdida de antemano, se perdieron los seis buques de su flota y la vida de 371 hombres, ante la superioridad de la flota norteamericana que se dedicó a tirar al plato, mientras los españoles intentaban salir por la boca estrecha de la bahía de Santiago, sabiendo que iban a una muerte segura.  O quizás se trate de la maqueta del Baleares, hundido en plena guerra civil, donde también murió un Cervera y muchos oficiales y marineros más. O a lo mejor son los dos. Siempre me he preguntado: si los hechos de Cuba hubiesen sido al revés y los norteamericanos hubiesen salido a pelear contra un enemigo tan superior y tan bien armado ¿Cuántas películas habría producido Holywood con éste tema que tanto gusta en el cine, referido al valor y la patria?
Algunos sábados, por la mañana, los alrededores de la ermita --bastante poco cuidados y sucios debido a noches de botellón-- se animan con la presencia de un grupo, no muy numeroso de personas mayores, educadas, simpáticas y amables, algunos de ellos familiares y descendientes del viejo almirante, algún vecino del barrio y algún curioso que se deja caer por allí, para recordar a aquellos marinos españoles que se dejaron la piel en los mares azules, después de tanto tiempo. Es entrañable y magnifico conservar en el recuerdo, por más que el tiempo pase, la memoria histórica de los antepasados que escribieron páginas notables de la historia de España.  
Mario Ocaña

 
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