Homenaje a los niños de 1808. víctimas y victimarios al mismo tiempo
Unos trescientos mil niñas y niños en todo el mundo están involucrados en guerras y enfrentamientos armados en más de 35 países. Aunque la mayoría de los niños y niñas soldados son adolescentes, los hay desde siete años de edad. Son niñas y niños de América latina, África, Asia, y también de Europa, pero la mayoría de las niñas y niños soldados se encuentra en África. Según cálculos de Amnistía Internacional en este continente hay más de doscientos mil niñas y niños afectados, sobre todo en Uganda, Liberia, República democrática del Congo y Sudán. Muchos de ellos son drogodependientes, desprovistos del cariño de una familia a las que a veces deben matar ellos mismos para culminar su integración. ¿Podemos cambiarles las armas por libros? Cada vez hay más personas que lo intentan y pueden mirar sin pasar vergüenza. Aunque este libro se titule Homenaje a los niños de mil ochocientos ocho en esos niños y niñas están representados no sólo los de aquella época sino TODOS, este libro es un SÍ a la PAZ y un NO a la GUERRA, a cualquier guerra por principio y fin. En el libro predominan los relatos inspirados en los niños de aquella guerra, sin embargo también se encontrarán otras épocas y guerras…
En su creación intervienen dieciocho grandes de la literatura infantil y juvenil. A esto se le unen ocho ilustradores de altísimo nivel. La simbiosis conseguida origina un libro que no debe faltar en la biblioteca de los jóvenes ni en la nuestra.
Título: Homenaje a los niños de 1808"
Coordinación: Sara Moreno Valcárcel.
Mauro Almisas
LUIS ALBERTO DEL CASTILLO está leyendo...
ENTRE LA HIEL Y EL ALMÍBAR. Juan Antonio Palacios Escobar. Absalón Ediciones.
Una voluntad decidida y valiente ha tenido mi amigo entrañable, Juan Antonio Palacios Escobar, cuando se ha atrevido a dar a la imprenta este libro: Entre la hiel y el almíbar. Conozco a Juan Antonio desde hace 20 años, fecha en la que tuvimos la fortuna de trabajar juntos, durante tres años, en los inicios de una tarea prometedora e ilusionante para nuestro Campo de Gibraltar: el nacimiento del Instituto de Estudios Campogibraltareños. No obstante mi amistad con el autor, intentaré ser objetivo en este comentario auqnue no se advierta en exceso. Digo que hay que poseer una voluntad decidida y valiente para en 30 capítulos breves, agrupados en 5 partes más un epílogo, poner por escrito críticas y verdades como puños que a más de uno o una sonrojarán, fastidiarán o molestarán bastante. En esta obra aparecen retratados con perfección unos personajes y unos usos sociales que están degradando, denigrando la realidad política y cultural de nuestro país.
Pero es que además, Juan Antonio Palacios se atreve a efectuar una labor crítica e indicar propuestas correctoras, empleando un subgénero de raíz profunda y profusa en nuestra literatura. Ya desde la Antigüedad, filósofos, políticos y ensayistas expusieron sus críticas sociales y políticas y ofertaron en su época los remedios a esas situaciones corruptas o decadentes.
No es el caso, ahora, de exponer un elenco exhaustivo y erudito de autores y obras de esta temática. Simplemente, queremos remarcar la raigambre y nobleza literaria de la vía elegida en el desarrollo de Entre la hiel y el almíbar.
Además, es obvio que las circunstancias históricas del Barroco español o del tardofranquismo no son semejantes a las politicoeconomicas actuales, tanto españolas como las de un planeta inmerso en la globalización. Cuando Quevedo, Gracián y Saavedra dan sus obras a la estampa, siglo XVII, la decadencia española ya es evidente para los cerebros más preclaros y críticos del Reino. Ahora, en la primera década del siglo XXI, España tras un largo período de aislamiento se halla integrada con plenitud en los destinos de Europa y de la Civilización Occidental. Después de un siglo de orbitar en torno a su ombligo, las ventanas y puertas nacionales se abren a un mundo interconectado, y, ello, pese a que aún estemos dando vueltas a nuestras esencias nacionales y cuestionándonos todo aquello que une, enriquece y hace singular a España por encima de aquellas diferencias y peculiaridades también enriquecedoras, que nos fortalecen en vez de debilitarnos.
Los males que ponen achacosa a nuestra España actual son otros diferentes, aunque pudieran a simple vista parecer los mismos de la decadencia del siglo XVII. Hoy un tratadista político, y lo es Juan Antonio Palacios, hombre con un dilatado currículo en la función pública, tiene necesariamente que poner su acento pesimista en estos males de nuestra sociedad: corrupción administrativa y política; clientelismo, amiguismos, nepotismo; adulaciones sin cuento, papanatismos; improvisaciones a veces perversas, en ocasiones estultas; buenismo; progresismo o conservadurismo excluyente de virtudes políticas y sociales ajenas; gargarismos lingüísticos que inducen más a la risa y al chiste fácil que al menosprecio; soberbia, prepotencia proclive a olvidar que los cargos públicos se ostentan en representación de la soberanía popular, emanada de una ciudadanía libre y demócrata. Y algunos más que el lector cuidadoso descubrirá en estas páginas. De ahí, la hiel; pero en Palacios, al igual que en Saavedra Fajardo, late fuerte la esperanza y el ánimo positivo que aporta soluciones a los problemas. De ahí, el almíbar.
Palacios estructura sus reflexiones, críticas y soluciones, en cinco partes con títulos tan sugestivos como preguntas y respuestas, tentaciones y espejismos, esencias y apariencias; comprendiendo cada una de ellas seis “emblemas”, “empresas” o “arcanas”, que él denomina “capítulos”. Los títulos de esos 30 capítulos, de los que efectúo una exposición breve, son tan expresivos, tan significativos como: La plaga de la ignorancia; La falta de compromiso; ¡Encuésteme, por favor!; Gobernantes y gobernados; La calle, ese gran reto; El ocaso del poder.
Citas de autores antiguos y modernos, que muestran la amplia y fecunda formación de Palacios, salpimientan y apoyan sus textos; sin disminuir la enjundia propia de sus claros mensajes y reflexiones. Mensajes y reflexiones dirigidos, ahora, en el siglo XXI a la ciudadanía, único Príncipe soberano de la democracia.
Luis Alberto del Castillo
el rasque y yo
El último libro de mi querido amigo y consuegro, Rafael Montoya Joya, lo comenté en estas páginas el pasado julio, con ocasión de su presentación, a finales de mayo, en Almería, su tierra natal, y ahora que se ha presentado en Algeciras, el pasado 12 de noviembre, quiero sumarme al homenaje que en ésta se le hizo, y lo haré comentado su primer libro, El Rasque y yo. Juan José Tellez dice de él en su acertado prólogo: “Desde que le conocí, cuando los temporales de tierra eran peorers que los de alta mar, Rafael Montoya guardaba la eterna apariencia de Spencer Tracy en Capitanes intrépidos, esto es, la del lobo marino a quien te gustaría tener cerca cuando estallara la tormenta”.
Contiene el libro una serie de artículos publicados desde 1989 a 2001, en los que nos da a conocer con detalle su lucha por los derechos del pescador. En ellos se apoya, la mayor parte de las veces, en los diálogos habidos con su gran amigo y compañero, el Rasque, Luis Gibaja Muley, en el lenguje propio de las gente de la mar. Empieza con una carta al consejero Manaute, de la que no me resisto a transcribir algunos párrafos que retratan la personalidad de Rafael, un hombre todo secillez y bondad, que sabía cantar las cuarenta a quien fuera: “Como no, debo también acusar recibo del extrañísimo, para nosotros, escrito que dirige a esta Cofradía el Excmo. Sr. Director General de Pesca de la Junta de Andalucía, indicando que los escritos oficiales de esta Entidad, Corporación de Derecho Público, a mi mando, deberán ir firmados por el Patrón Mayor anterior, mi compañero D. Francisco Soria, o en todo caso, por el secretario de la Cofradía.
Mire, Excelentísimo Señor, las elecciones celebradas en esta Cofradía además de ser fielmente regidas por las normas electorales que establecen nuestros estatutos, repito lo de nuestros estatutos, que son post-constitucionales y absolutamente democráticos (...) contaron con la asistencia masiva (...) en apoyo a nuetra singular independencia respecto a otras asociaciones, y la voluntad libre y democrática expresada en las urnas, de forma limpia y honesta, fue la de confiar en mi modesta persona para estar al frente de los destinos de esta Entidad, y por lo tanto soy la única persona Autorizada para la firma de los documentos emanados de la misma (...) No he salido Patrón Mayor, ni por listas cerradas, ni por libre designación, ni por ser amigo de un recomendado de la prima del cuñado del sobrino de la hermana de una señor con influencias en las altas esferas, he sido elegido Patrón Mayor como tiene que ser, por sufragio universal, libre y secreto” .
Como pueden comprobar, la carta es un fiel reflejo de su personalidad, sencilla y enérgica según las circunstancias.