Izquierda-derecha PDF Imprimir E-Mail

izquierda-derecha

Por la década de los 40, cuando “volvió a reír la primavera”, se usaban mucho las dicciones rojos y fascistas. Los rebeldes, al referirse al bando perdedor, eran los rojos. Y éstos, cuando largaban del bando ganador, eran los fascistas. Fue a mis ocho años cuando escuché por vez primera las dicciones de izquierdas o derechas, pero no sabía su significado.
Al poco, por los andurriales del barrio de Pescadería, en la explanada del muelle pesquero, aparecían todas las mañanas unos 300 soldados para hacer la instrucción marcando el paso al ritmo de tambores y cornetas; los chiquillos le poníamos letras groseras delante de las narices de la oficialidad. Otras veces las marchas guerreras eran suplidas por la voz aguardentosa del sargento de turno con su cantinela de “up, op; ep, aro...up, op; ep, aro...” con el correaje en la diestra, no sé para qué. Los chiquillos acompañábamos a la soldadesca por los flancos con nuestra letanía: “up, op,  papa y arró; up, op; papa y arró...”
Había un sargento chusquero que se las sabía toas. Y para que la golfería no sirviera de comparsa con su papa y arró, hacía marcar el paso con la saloma de “Izquierda, izquierda; izquierda derecha izquierda”... Y así hasta la saciedad.¿Qué querría decir el andobas con tanta izquierda y una sola derecha? Por un falso orgullo no quise preguntar a mis mayores; hasta que un día me di cuenta que cuando el menda decía izquierda, los famélicos soldados pisaban con el pie izquierdo; pero lo extraño era que mentaba derecha una vez por cuatro izquierda. Esta actitud, extraña para mi, se la dije a El Rasque, que por aquel entonces se embarcaba con mi padre. Y me contestó: ¡Porque es un rojo!
En la instrucción tenían media hora de descanso para hacer sus necesidades en las piedras del rompeolas. Luego se zampaban un bocata consistente en una rebaná de viento y un chorizo a la sombra, para rematar con un caldo de gallina en el mejor de los casos, o un cigarro liado con colillas de otros en papel Bambú.
El sargento siempre se sentaba en cualquier piedra apartado de la soldadesca , cosa que aproveché para decirle:
¡Usted es rojo! ¿No?
- ¡Vete a la mierda, chaval!-, fue la lacónica respuesta, y ahí quedó el diálogo que pretendí entablar. Quince años después, estando faenando en el “mar Negro”, le recordé a El Rasque aquella anécdota. Mi tovarich me preguntó si sabía el origen de las derechas y de las izquierdas, y como le respondí que no; me soltó el siguiente rollo:
“Era en una asamblea donde se discutía si se debía trabajar de sol a sol durante los siete días de la semana y los doce meses del año. O había que hacer ocho horas con descanso dominicales y mes de vacaciones pagadas. El recinto donde se iba a celebrar el debate, con un aforo para doscientas personas, tenía un pasillo desde la puerta al escenario con sillas a ambos lados. El primero en entrar fue un minero con cara de famélico impregnado de carbón, que se sentó en el extremo de la última fila de la derecha. El segundo fue un orondo con chistera y puro, que al ver al paria se sentó lo más lejos posible. O sea; en el extremo opuesto, pero de la primera fila. Ya sabes, Dafalico, que en el primer tercio del siglo XX, la diferencia en el vestir era notoria entre ricos y pobres... Y así, conforme iban entrando, “cada pescao iba buscando su mallero” hasta que se llenó el local. Después de que cada ponente expuso su punto de vista, acordaron hacer la votación a mano alzada. Quien sea partidario de la jornada de ocho horas, descanso en domingo y un mes de vacaciones al año, que levante el brazo- dijo el portavoz-. Todos los de los asientos de la izquierda levantaron el brazo, más tres del otro lado. Ciento tres votos. Fueron mayoría, puesto que en el lado contrario eran noventa y siete  partidarios de dejar las cosas como estaban, salvo alguna abstención. Desde aquel día, tovadí Dafalico, partió el origen de que los más pobres sean de izquierdas y los otros de derechas”.
-Me has hecho un lío, tovarich. ¿No acabas de decirme que el minero se sentó a la derecha del pasillo y al extremo de las sillas? Y luego los que fueron entrando iban buscando su mallero. O sea; los pobres a la derecha del pasillo, y los ricos a la izquierda de ese pasillo...
-Eso es según se mire. O según se entienda, porque los ponentes sentados tras la mesa de la tribuna miraban al público, y los que levantaron el brazo estaban a la izquierda de los ponentes.
Rafael Montoya
 
 
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