Junio 09 PDF Imprimir E-Mail

nino camacho

Jesús Camacho Andrades, Nino Camacho en el argot deportivo, está en la historia del baloncesto algecireño. Jugador primero, entrenador después, fue en esta última faceta donde cimentó fama y prestigio al frente del equipo femenino  de la Unión Deportiva Escolar Algecireña, la popular UDEA, convertida después en Algeciras Caja Jerez. Con él las féminas del basquet algecireño lograron, en la temporada 89 / 90, su época dorada al conseguir el ascenso a la Primera División B. En este mes de junio del año que discurre se cumplen 20 años de la ya lejana hazaña. Justo es recordarla. En tal sentido va nuestro flash retrospectivo. La gesta, que se inició en octubre de 1989, tuvo culminación el 10 de junio de 1990 en el Pabellón Polideportivo Lobete de Lógroño, lugar y espacio donde el conjunto algecireño, bajo la sabia dirección de Nino Camacho, venció en la final absoluta de la Segunda División Nacional de Baloncesto al equipo Manises de Valencia. El resultado final 85 / 66, favorable a las cajistas-udeistas, lo dice todo. Fue la rúbrica del ascenso a la Primera División B, con todos los honores. Pero esto es empezar la historia por el epílogo o la casa por el tejado, como suele decirse. Antes de llegar a la finalísima de la capital riojana, las chicas de Nino tuvieron que superar una dura serie de competiciones intermedias. En todas ellas
quedarían campeonas. La primera fue la liga correspondiente a la 2ª División de Andalucía Occidental, en la que participaron 12 equipos. Las cajistas ganaron de calle el torneo, clasificándose, con los tres equipos que le siguieron en la tabla, para la disputa del título absoluto de la comunidad Autónomas andaluza, ante los cuatro primeros del grupo de Andalucía Oriental. En esta nueva confrontación, una vez más  se proclamarían campeonas, sin perder un sólo partido. Las chicas del Algeciras CJ conseguían así llegar invictas a la fase del sector, para el ascenso a la 1ª División B.
La fase, que se celebró en el pabellón polideportivo cubierto Ciudad de Algeciras, a finales de mayo del 90, supuso todo un acontecimiento para la ciudad. Los siete equipos clasificados de los diferentes  grupos en que se había parcelado el calendario nacional fueron estos: Arquitectura de Madrid, Finamersa de Jerez, Aconsa de Albacete, Santa Catalina de Sena, Melilla CB y Santa Cecilia de Cáceres, más el equipo anfitrión, Algeciras CJ. El sector, que se disputó por el sistema de liguilla a una vuelta, resultó apasionante. Las niñas de Nino Camacho contabilizaron sus partidos por victorias, refrendadas en la decisiva final frente el Arquitectura madrileño. Antes del partido las capitalinas partían como favoritas, pero las cajistas echaron por tierra los pronósticos dando cumplida cuenta de sus rivales, a las que se  impusieron por un holgado 72 / 58. El toque final de la bocina consumaba el ascenso a 1ª B y la apoteosis se desbordaba entre el público local, entusiasmado con el triunfo, y gran espectáculo, ofrecido por sus féminas del Algeciras Caja Jerez. Sólo les restaba disputar del título nacional absoluto, cosa que harían 15 días después en Logroño, ante el Manises levantino. Pero esta última parte, ya la conocen ustedes. Por ella empezamos y en ella concluimos, la narración de la página más brillante  del baloncesto alagecireño. Un técnico, Nino Camacho, y 12 jugadoras, lo hicieron posible. Fueron ellas Inmaculada, Elvira, Ana, Bienvenida, Maite,Vanesa, María del Mar, Marta, Montse,  Carmela, Sali y Belén. Enhorabuena de nuevo a Nino y sus chicas.  
Prieto Poza
 
excesos por fanatismos

Los excesos por fanatismo o dogmatismo revolucionarios han producido nombres de personas absurdos y abusivos, sin contar con que sus portadores, de adultos, no pudieran tener tan elevado fervor político.
La Revolución Francesa (1789) suprimió los nombres del santoral católico y vio florecer nombres de personas como Libertad, Igualdad, Fraternidad, Bastilla, Revolución y hasta Guillotinador.
En Rusia, con la Revolución de 1917, se impusieron los nombres de Barricada, Lenin, Tractorina, Vanguardia, Hoz y Martillo (éstos últimos, idóneos para dos hermanos gemelos). En España, en los años treinta del siglo pasado, fueron más moderados los de Hermandad, Comunardo, Libertad, Pasión o Internacional.
Todavía muchos mejicanos se llaman Masiosare. El nombre es patriótica evocación de un párrafo del himno nacional: “Más si osare un perverso enemigo...”.
En China, en 1966, Durante la Revolución Cultural de Mao Zodong, a la muchacha Song Ninbin (La Bien Educada) se le cambió el nombre por el de Yao Wu (Voluntad de Lucha). Desde entonces, la joven cambió de conducta, se le subió el nombre a la cabeza y acabó paranoica y en la cárcel... por pasarse de rosca políticamente. Nombres chinos tan poéticos como Flor de Té, Amanecer o Primavera dieron paso a los dogmáticos Antimperialismo, Revolución Roja o Acero.
En el Concilio de Trento (siglo XVI), en defensa de la estricta ortodoxia, se llegó a prohibir el empleo de nombres distintos al contenido del santoral, aunque algunos eran tan insigne, por ejemplo, como el del filósofo Sócrates. Pronto se llegó a confiarlo al azar, limitándose el padre o el cura a consultar el calendario e imponerle el santo del día, práctica que  perduraba a principios del siglo pasado, sobre todo en el norte y el centro de nuestro país, aunque resultaran tan poco agraciados como los de Serapio, Mamerto, Simplicio, Inocencio, Primitivo, Agapito o Rústico.
rizquez Antonio Rízquez
 
 
 
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