Mayo 09 PDF Imprimir E-Mail

las esencias de  la almoraima
Situación geográfica: Municipio de Castellar de la Frontera.
Longitud del recorrido: Cuatro kilómetros
Duración: Una hora y media.
Dificultad: Baja.

Descripción: El paseo de este mes transcurre entre La Jarandilla y la dehesa de Bujeogordo, donde está el abrigo del Cambullo,  en el corazón de la Almoraima. En este viaje vamos a ir con dos personas que forman equipo en La Jarandilla, Fran y Jana, ambos alquimistas y perfumistas. Un pequeño repechón por una ladera de solana nos ofrecerá una oportunidad de obtener a vista de pajaro una imagen del serpenteante río Guadarranque. Es un paisaje natural bien conservado. Tras un pequeño bosque de alcornoques, conseguimos entrar en la maquina del tiempo y  tomar contacto con nuestros antepasados, y descubrir cómo vivían, se divertían y trataban a la maravillosa Almoraima. Esta primavera la notamos exuberante después de todo un invierno de lluvias. La genista (el jergen) se hace presente con su fragancia y sus colores amarillos. Y recolectamos sus flores para poder hacer tintes y fragancias. No olvidemos que para todas las culturas antiguas, el retorno de la primavera tenía un significado religioso. No hay un solo pueblo que no tenga una fiesta especial relacionada con la vuelta de las flores. Después de atravesar un alcornocal adehesado nos encontramos con una colonia de jaras pringosas, y vemos cómo a Fran se le alegra la vista y se llena de emoción. Sus sencillas flores blancas dan la sensacion de un paisaje nevado. Es un arbusto de mucha utilidad. Por ejemplo, el ladano que se obtiene es bueno para la tos, como linimento para los golpes, tonifica la piel, evita las estrías, evita el envejecimiento de la piel, y da aceites esenciales para preparar perfumes mezclándolos con otras plantas.
El bosque se espesa, los brezos y los quejigos hacen su aparicion. La humedad y los riachuelos de agua ferrosa, arrancada de la piedra arenisca, nos dan una sensación de selva.
Los tres caminamos entre los helechos.Subimos a lo alto de un risco donde divisamos un paisaje precioso: el embalse del Guadarranque rodeado de tonalidades de verdes y en lo alto, majestuoso, el castillo de Castellar, testigo del paso de culturas que se maravillaron de este cielo azul. Y de sus animales, como el ciervo, que nuestros antepasados lo consideraron símbolo de la fuerza natural e imagen de la deidad representado en numerosos abrigos.
Los tres quedamos impregnados de la magia de este lugar. Recoletamos un poco del musgo de los robles, pues Fran nos explica que realza el olor de los perfumes, que el musgo puede ser una base para combinarlo con notas afrutadas como el melocotón, o con sensaciones florares como las de las rosas, o de algo más directo: la esencia de madera quemada, un aroma sublime, que recuerda a las antiguas hogueras. Jana se fija en un grupo de majoletos.Sus flores blancas compiten con las de la jara, ofreciéndose sugerentes a los insectos. Nos damos cuenta de que este lugar sagrado es donde seguramente viviría el chamán. Nuestra vía mística acaba pero no sin antes recolectar la lavanda de origen árabe, Alhucemas lavandula. Como decían los antiguos persas: “Mirando la flor, el animo se alegra y se acaba la tristeza”. Regresamos a La Jarandilla, a nuestro laboratorio de alquimia, donde preparamos las fragancias con el regalo que nos han dado los habitantes vegetales de La Almoraima. Y, poco a poco, con la paciencia de lo religioso, damos olor a nuestra colección: Bosque de La Jarandilla, o Primavera de La Jarandilla.
José Fuentes
 
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