las
esencias de la almoraima
Situación geográfica: Municipio de Castellar de la Frontera.
Longitud del recorrido: Cuatro kilómetros
Duración: Una hora y media.
Dificultad: Baja.
Descripción: El paseo de este mes transcurre entre La Jarandilla y
la dehesa de Bujeogordo, donde está el abrigo del
Cambullo, en el corazón de la Almoraima. En este
viaje vamos a ir con dos personas que forman equipo en La
Jarandilla, Fran y Jana, ambos alquimistas y perfumistas. Un pequeño
repechón por una ladera de solana nos ofrecerá
una oportunidad de obtener a vista de pajaro una imagen del
serpenteante río Guadarranque. Es un paisaje natural
bien conservado. Tras un pequeño bosque de alcornoques,
conseguimos entrar en la maquina del tiempo y tomar
contacto con nuestros antepasados, y descubrir cómo
vivían, se divertían y trataban a la maravillosa
Almoraima. Esta primavera la notamos exuberante después
de todo un invierno de lluvias. La genista (el jergen) se hace
presente con su fragancia y sus colores amarillos. Y
recolectamos sus flores para poder hacer tintes y fragancias.
No olvidemos que para todas las culturas antiguas, el retorno
de la primavera tenía un significado religioso. No hay
un solo pueblo que no tenga una fiesta especial relacionada con
la vuelta de las flores. Después de atravesar un
alcornocal adehesado nos encontramos con una colonia de jaras
pringosas, y vemos cómo a Fran se le alegra la vista y
se llena de emoción. Sus sencillas flores blancas dan la
sensacion de un paisaje nevado. Es un arbusto de mucha
utilidad. Por ejemplo, el ladano que se obtiene es bueno para
la tos, como linimento para los golpes, tonifica la piel, evita
las estrías, evita el envejecimiento de la piel, y da
aceites esenciales para preparar perfumes mezclándolos
con otras plantas.
El bosque se espesa, los brezos y los
quejigos hacen su aparicion. La humedad y los riachuelos de
agua ferrosa, arrancada de la piedra arenisca, nos dan una
sensación de selva.
Los tres caminamos entre los
helechos.Subimos a lo alto de un risco donde divisamos un
paisaje precioso: el embalse del Guadarranque rodeado de
tonalidades de verdes y en lo alto, majestuoso, el castillo de
Castellar, testigo del paso de culturas que se maravillaron de
este cielo azul. Y de sus animales, como el ciervo, que
nuestros antepasados lo consideraron símbolo de la
fuerza natural e imagen de la deidad representado en numerosos
abrigos.
Los tres quedamos impregnados de la magia
de este lugar. Recoletamos un poco del musgo de los robles,
pues Fran nos explica que realza el olor de los perfumes, que
el musgo puede ser una base para combinarlo con notas afrutadas
como el melocotón, o con sensaciones florares como las
de las rosas, o de algo más directo: la esencia de
madera quemada, un aroma sublime, que recuerda a las antiguas
hogueras. Jana se fija en un grupo de majoletos.Sus flores
blancas compiten con las de la jara, ofreciéndose
sugerentes a los insectos. Nos damos cuenta de que este lugar
sagrado es donde seguramente viviría el chamán.
Nuestra vía mística acaba pero no sin antes
recolectar la lavanda de origen árabe, Alhucemas lavandula.
Como decían los antiguos persas: “Mirando la flor,
el animo se alegra y se acaba la tristeza”. Regresamos a
La Jarandilla, a nuestro laboratorio de alquimia, donde
preparamos las fragancias con el regalo que nos han dado los
habitantes vegetales de La Almoraima. Y, poco a poco, con la
paciencia de lo religioso, damos olor a nuestra
colección: Bosque de La
Jarandilla, o Primavera de La Jarandilla.
|