Mayo 09 PDF Imprimir E-Mail

pepe gazquez, atleta internacional

Pepe Gázquez, fotógrafo de profesión y deportista por vocación, es el primer atleta internacional que dio Algeciras en su historia. Fue allá por la década de los 50 y principios de los 60. Sus disciplinas fueron el salto de longitud y velocidad, en los 100 metros lisos. Aunque destacó en ambas pruebas, fue en el salto de longitud donde se consagró, a nivel nacional  e internacional. Apuntó como figura en ciernes a los 14 años, al proclamarse campeón escolar andaluz, con un salto de 5,25 metros, distancia que, al ser conseguida sobre tierra batida, suponía todo un registro. La razón estribaba en que al final de los años 40, las pistas más óptimas para la práctica atlética eran las de ceniza pues, por aquel entonces, no habían sido descubiertas todavía las de tartán o sintético. La figura que anidaba su espigada anatomía siguió en ascenso y, pese  entrenar con los más rudimentarios medios e instalaciones, en 1953 se proclamó campeón absoluto de Andalucía, en el Estadio San Rafael de Tetuán de las Victorias. Marcó una distancia de 6,43 metros, algo insólito en aquellos tiempos de posguerra. Fue todo un aldabonazo que refrendó meses después, al quedar subcampeón de España en el catalán Estadio de Monjuit, con una marca de 6,93 metros; campeón se proclamó su entrañable amigo Pipe Areta, que abandonó el atletismo para hacerse sacerdote.
La cadena de éxitos marcada por Gázquez llevó a los técnicos de la Federación Nacional de Atletismo a seleccionarlo de cara a las confrontaciones que, a nivel internacional, tenía concertadas. Y Pepe Gázquez estrenó la elástica nacional defendiendo los colores de España ante Austria, en el Prater de Viena. Hizo un salto de 7,15 metros, algo increíble para los tiempos que corrían. El triangular, Suiza, Francia, España sería su siguiente encuentro internacional. Se disputó en Ginebra y, una vez más, dejó constancia de su calidad, clasificándose en los primeros lugares del concierto. Un doble encuentro hispanoluso, con celebración en Lisboa y San Sebastián, unido a un España-Austria, en Barcelona, devolución de visita del equipo austriaco, a la recibida en Viena, completaron su palmares internacional. Pero el atletismo de aquella época era amateur, de verdad, no marrón, y compaginar trabajo con su práctica resultaba muy difícil, por no decir imposible. Esta circunstancia obligo a Pepe Gázquez a abandonar las competiciones de élite cuando sólo tenía 26 años, despedida que firmó en el sstadio de Riazor de La Coruña. No obstante siguió participando en torneos y encuentros de menor entidad. Incapaz de retirarse del todo, cuando los años le pasaron por encima superando la cuarentena, se enroló en la categoría de veteranos; en ella obtuvo también destacados triunfos en cuantos competiciones intervino. Su último concurso oficial lo hizo en 1974, participando en los Campeonatos de España de Veteranos celebrados en Valencia. Allí se proclamó campeón en la categoría  A: más 50 años. Un adiós que lo fue sólo en el aspecto competitivo, no en el de la práctica activa del deporte. Hoy, a sus sesenta y muchos años, sigue con sus sesiones de footing y series de velocidad, que intercala para no perder la envidiable forma física de que disfruta. El parque polideportivo Pepe Gázquez, ubicado en la carretera de El Rinconcillo, es el reconocimiento tributado por el Ayuntamiento a este gran deportista algecireño.
Prieto Poza
 
excesos por fanatismos

Los excesos por fanatismo o dogmatismo revolucionarios han producido nombres de personas absurdos y abusivos, sin contar con que sus portadores, de adultos, no pudieran tener tan elevado fervor político.
La Revolución Francesa (1789) suprimió los nombres del santoral católico y vio florecer nombres de personas como Libertad, Igualdad, Fraternidad, Bastilla, Revolución y hasta Guillotinador.
En Rusia, con la Revolución de 1917, se impusieron los nombres de Barricada, Lenin, Tractorina, Vanguardia, Hoz y Martillo (éstos últimos, idóneos para dos hermanos gemelos). En España, en los años treinta del siglo pasado, fueron más moderados los de Hermandad, Comunardo, Libertad, Pasión o Internacional.
Todavía muchos mejicanos se llaman Masiosare. El nombre es patriótica evocación de un párrafo del himno nacional: “Más si osare un perverso enemigo...”.
En China, en 1966, Durante la Revolución Cultural de Mao Zodong, a la muchacha Song Ninbin (La Bien Educada) se le cambió el nombre por el de Yao Wu (Voluntad de Lucha). Desde entonces, la joven cambió de conducta, se le subió el nombre a la cabeza y acabó paranoica y en la cárcel... por pasarse de rosca políticamente. Nombres chinos tan poéticos como Flor de Té, Amanecer o Primavera dieron paso a los dogmáticos Antimperialismo, Revolución Roja o Acero.
En el Concilio de Trento (siglo XVI), en defensa de la estricta ortodoxia, se llegó a prohibir el empleo de nombres distintos al contenido del santoral, aunque algunos eran tan insigne, por ejemplo, como el del filósofo Sócrates. Pronto se llegó a confiarlo al azar, limitándose el padre o el cura a consultar el calendario e imponerle el santo del día, práctica que  perduraba a principios del siglo pasado, sobre todo en el norte y el centro de nuestro país, aunque resultaran tan poco agraciados como los de Serapio, Mamerto, Simplicio, Inocencio, Primitivo, Agapito o Rústico.
rizquez Antonio Rízquez
 
 
 
< Anterior   Siguiente >
© 2010 Apunta, Guía para el ocio y la cultura en Algeciras y el Campo de Gibraltar