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pepe gazquez, atleta internacional
Pepe Gázquez, fotógrafo de
profesión y deportista por vocación, es el primer atleta internacional que dio Algeciras en su historia. Fue allá por
la década de los 50 y principios de los 60. Sus
disciplinas fueron el salto de
longitud y velocidad, en los 100
metros lisos. Aunque destacó en ambas pruebas, fue en el
salto de longitud donde se consagró, a nivel nacional
e internacional. Apuntó como figura en ciernes a
los 14 años, al proclamarse campeón escolar
andaluz, con un salto de 5,25 metros, distancia que, al ser
conseguida sobre tierra batida, suponía todo un
registro. La razón estribaba en que al final de los
años 40, las pistas más óptimas para la
práctica atlética eran las de ceniza pues, por aquel
entonces, no habían sido descubiertas todavía las
de tartán o sintético. La figura que anidaba su
espigada anatomía siguió en ascenso y, pese
entrenar con los más rudimentarios medios e
instalaciones, en 1953 se proclamó campeón
absoluto de Andalucía, en el Estadio San Rafael de Tetuán de
las Victorias. Marcó una distancia de 6,43 metros, algo
insólito en aquellos tiempos de posguerra. Fue todo un
aldabonazo que refrendó meses después, al quedar
subcampeón de España en el catalán Estadio
de Monjuit, con una marca de 6,93 metros; campeón se
proclamó su entrañable amigo Pipe Areta, que
abandonó el atletismo para hacerse sacerdote.
La cadena de éxitos marcada por
Gázquez llevó a los técnicos de la
Federación Nacional de Atletismo a seleccionarlo de cara
a las confrontaciones que, a nivel internacional, tenía
concertadas. Y Pepe Gázquez estrenó la
elástica nacional defendiendo los colores de España ante
Austria, en el Prater de Viena. Hizo un salto de 7,15 metros,
algo increíble para los tiempos que corrían. El
triangular, Suiza, Francia, España sería su
siguiente encuentro internacional. Se disputó en Ginebra y, una vez
más, dejó constancia de su calidad,
clasificándose en los primeros lugares del concierto. Un
doble encuentro hispanoluso, con celebración en Lisboa y
San Sebastián, unido a un España-Austria, en
Barcelona, devolución de visita del equipo austriaco, a
la recibida en Viena, completaron su palmares internacional.
Pero el atletismo de aquella época era amateur, de verdad,
no marrón, y compaginar trabajo con su práctica
resultaba muy difícil, por no decir imposible. Esta
circunstancia obligo a Pepe Gázquez a abandonar las
competiciones de élite cuando sólo tenía
26 años, despedida que firmó en el sstadio de Riazor de La
Coruña. No obstante siguió participando en
torneos y encuentros de menor entidad. Incapaz de retirarse del
todo, cuando los años le pasaron por encima superando la
cuarentena, se enroló en la categoría de
veteranos; en ella obtuvo también destacados triunfos en
cuantos competiciones intervino. Su último concurso
oficial lo hizo en 1974, participando en los Campeonatos de
España de Veteranos celebrados en Valencia. Allí se
proclamó campeón en la categoría A:
más 50 años. Un adiós que lo fue
sólo en el aspecto competitivo, no en el de la
práctica activa del deporte. Hoy, a sus sesenta y muchos años, sigue
con sus sesiones de footing y series de velocidad, que intercala para no
perder la envidiable forma física de que disfruta. El parque
polideportivo Pepe Gázquez, ubicado en la carretera de El Rinconcillo, es
el reconocimiento tributado por el Ayuntamiento a este gran
deportista algecireño.
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Prieto Poza
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excesos por
fanatismos
Los excesos por fanatismo o dogmatismo
revolucionarios han producido nombres de personas absurdos y
abusivos, sin contar con que sus portadores, de adultos, no
pudieran tener tan elevado fervor político.
La Revolución
Francesa (1789)
suprimió los nombres del santoral católico y vio
florecer nombres de personas como Libertad, Igualdad,
Fraternidad, Bastilla, Revolución y hasta Guillotinador.
En Rusia, con la Revolución de
1917, se impusieron los nombres de Barricada, Lenin,
Tractorina, Vanguardia, Hoz y Martillo (éstos
últimos, idóneos para dos hermanos gemelos). En
España, en los años treinta del siglo pasado,
fueron más moderados los de Hermandad, Comunardo, Libertad,
Pasión o Internacional.
Todavía muchos mejicanos se llaman
Masiosare. El nombre es patriótica evocación de
un párrafo del himno nacional: “Más si
osare un perverso enemigo...”.
En China, en 1966, Durante la
Revolución Cultural de Mao
Zodong, a la muchacha Song Ninbin
(La Bien Educada) se le cambió el nombre por el de Yao Wu (Voluntad de
Lucha). Desde entonces, la joven cambió de conducta, se
le subió el nombre a la cabeza y acabó paranoica
y en la cárcel... por pasarse de rosca
políticamente. Nombres chinos tan poéticos como
Flor de Té, Amanecer o Primavera dieron paso a los
dogmáticos Antimperialismo, Revolución Roja o
Acero.
En el Concilio de Trento (siglo XVI), en
defensa de la estricta ortodoxia, se llegó a prohibir el
empleo de nombres distintos al contenido del santoral, aunque
algunos eran tan insigne, por ejemplo, como el del
filósofo Sócrates. Pronto se llegó a confiarlo al azar,
limitándose el padre o el cura a consultar el calendario
e imponerle el santo del día, práctica que
perduraba a principios del siglo pasado, sobre todo en el
norte y el centro de nuestro país, aunque resultaran tan
poco agraciados como los de Serapio, Mamerto, Simplicio,
Inocencio, Primitivo, Agapito o Rústico.
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 Antonio Rízquez
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