Luis balaguer
provoca que los árboles canten
Los pájaros ocultos en la rama
permiten comprobar que los árboles cantan. Ése
podría ser el lema oculto en las notas de Abrida, el primer
disco en solitario de Luis Balaguer, algecireño del 58,
vecino de Jerez y transeúnte habitual por los garitos
musicales de Cádiz.
En su primer disco en solitario, Luis
Balaguer se muestra tan virtuoso como contenido. Discreto,
respetuoso con sus propias tradiciones, que le llevan por un
lado a Miles Davis, Bill Evans, John Coltrane, Keith Jarret, Wayne
Shorter, Charles Lloyd o Herbie Hancock, pero por otro le
conducen a Diego del Gastor, Niño Ricardo, Sabicas, Toti
Soler, pero también Manuel de Falla o Isaac
Albéniz. Claro que su gusto también ha bebido de
la trompeta de Tomasz Stanko o del piano de Marcin Wasilewski,
pero también de una afición heterodoxa por el
cante que lo mismo le lleva de La
Niña de los Peines al
Chusco, el sobrino de La Paquera como a Pepe Marchena, Antonio
Mairena, Agujetas, Manuel Vallejo, Manuel Torre, Terremoto o
Antonio Chacón. Sin descuidar a su propio
círculo, con maestros cómplices como el saxo de
Villoslada o el piano de Miguel Ángel López.
Ese mestizaje en el paladar es lo que
prima en Abrida, cuya distribución mano a mano por diversos
establecimientos de Cádiz y del resto de
Andalucía está resultando tan minuciosa como
heroica. Al toque de Luis Balaguer se suma el contrabajo de Dee
Jay Foster, la percusión de Carlos Cortés, la
viola de Angela Solís, el compás palmero de Lolo
y Faé y la voz eficaz de Gaspar
Campuzano, en los recitados que
abren y cierran esta obra, plenamente concebida por el
guitarrista.
A lo largo de su sólida peripecia
artística, ha compartido la atmósfera del jazz
con la del flamenco y ha viajado a menudo entre ambas
tendencias, bajo la batuta de maestros tan diversos como Sean
Levitt, Gabriel Rosales, Ze Eduardo, o Luis Vergés. Claro que también se puso a las órdenes de Perico
Sambeat para la Big Band de
Andalucía o coqueteó
musicalmente con Roshan Santami, Gorka Benítez, Paul
Rachov o Deojananá. Profesor superior de guitarra clásica por el
Conservatorio Superior Rafael Orozco de Córdoba,
Balaguer estudió en el Taller de Músics de
Barcelona, pero su formación es tan diversa como la
guitarra paisana de Paco Martín --un tocaor
algecireño a recuperar-- o la magistral de Manuel
Fernández Parrilla de Jerez. En su día, formó parte de los
grupos Thermo y Jazz a 4, pero también militó con
la Sonora Big Band de Cádiz, a bordo de la cual
grabó Directo al Centro (1998). Su guitarra también se
sumó a la Jambá Dixieland, gobernó
su propio trío y formó parte de Saguiba, que nos
dejó en 2003 un disco memorable. Discípulo de Ben
Monder, ha colaborado con Niño Jero y con
Moraíto, al tiempo que ha brindado conciertos en salas y
festivales de jazz y flamenco tanto en este país --desde
el de Ciutat Vella en Barcelona al de Tango de Granada o
la Bienal de Flamenco de Sevilla-- como en Marruecos, Portugal,
Francia, Suiza o Alemania.
Su inquietud creativa le ha llevado a
explorar otros ámbitos, como el del teatro y el de la
literatura, acompañando al actor Pepe Maestro en
montajes sobre la obra de Julio Cortázar o de Fernando
Quiñones. Su guitarra se había incorporado ya a
otras grabaciones anteriores, como Inopio (1988), Marinero en
tierra (2000) y El desenterrador de vivos (2007), de Fernando Polavieja, Mosaico y Numen, de Pedro
Cortejosa o Kind of Cai, el grupo que formara junto a sus habituales
Carlos Villoslada, Rubem Dantas, Miguel Ángel
López o Dee Jay Foster.
Con Abrida, Balaguer formula todo un manifiesto musical,
como tarjeta de visita de su versatilidad, más
próxima al intimismo que al circo, más interesada
por la armonía que por el más difícil
todavía tan habitual ya en los tiempos que corren.
Aquí entre nosotros, una obra maestra.
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