LAS SIETE VIDAS DE FERNANDO QUIÑONES
El escritor Fernando Quiñones
(Chiclana de la Frontera, 1930-Cádiz, 1998) solía
decir que había vivido siete vidas, como los gatos. Y
Amalia Vilches las ha contado todas en Fernando Quiñones, las crónicas del
hombre (Alianza Editorial, 2008).
Un voluminoso pero amenísimo ensayo en el que la autora
recompone su peripecia vital a través de una rigurosa
pesquisa en hemerotecas, fondos bibliográficos y, sobre
todo, testimonios personales: como los de su viuda Nadia Consolani,
que llegó a definir oportunamente a Cádiz como la
máxima rival que había tenido en su
relación sentimental con el escritor; Félix
Grande y Paca Aguirre, sus amigos Serafín Pro, Felipe
Sordo Lamadrid o José
Hierro, entre otros muchos.
Vilches ha
logrado reconstruir el rompecabezas personal y literario de
Quiñones, ofreciendo además un documentado perfil
de sus publicaciones, sin descuidar el contexto
histórico en el que fueron apareciendo. Buen pretexto
para rememorar el décimo aniversario de su muerte, pero
también dos hitos importantes de su vida, el de la
creación del festival de Alcances, cuarenta años
atrás y la publicación de La canción del pirata, de la que se cumplen veinticinco.
La obra, cuya publicación ha sido
respaldada por Unicaja, incorpora también un amplio
álbum fotográfico en el que se pueden contemplar
fotografías de las diferentes etapas vitales del autor,
incluyendo la de su despedida de la revista Selecciones de
Reader´s Digest, vestido con un impecable traje de luces.
El viaje biográfico que propone el
libro aborda desde la difícil infancia del escritor a
partir de que su padre se arruinase, a las primeras lecturas,
el grupo Platero, sus inicios como periodista y su viaje a
Madrid. Pero también se desgranan aspectos de otro
porte, como su estrecha relación de amistad con Rafael
Alberti o con Jorge Luis Borges, con este último a partir de que, en
1960, figurase en el jurado que le otorgó a
Quiñones el premio literario del diario La Nación
de Buenos Aires con Siete
historias de toros y de hombres. A
su vez, Quiñones fue viajero incansable, conferenciante,
presentador y comentarista en radio y televisión,
firmó innumerables artículos, relatos, poemas y
novelas, pero también de ensayos sobre flamenco o de un
curioso libro titulado…Y al
sur Jimena, que hizo que
estableciera fuertes lazos con dicha localidad
campogibraltareña: “He vivido en una vida lo que
otros seres humanos necesitarían seis para vivir”,
solía aducir al término de su vida. Ahora, ya
forma parte de la mayor democracia que existe. “La
única fuerza capaz de marcarle un gol definitivo al Tiempo, de
igualarnos en él, de neutralizarlo y vencerlo es la
muerte. Se muere uno y ya está libre de la pejiguera del
tiempo, ya está tan con su abuela como con
Napoleón y los primeros faraones de Egipto. No hay
primera ni última fila, palco de tornavoz ni gallinero:
todo es localidad única en el Gran Teatro de la
muerte cuyas ignoradas pero seguras taquillas desde luego nos
esperan. Tan a todos que no sé que tribu africana llama
encantadora y medio políticamente a los difuntos
"la mayoría absoluta”, escribió
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