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salvador uceda muñoz, pirri
Salvador Uceda Muñoz es Pirri para todos, seudónimo con el que se popularizó en el mundo del fútbol. En los tiempos que el Pirri del Real Madrid estaba en su apogeo, la igualdad de alias hacía pensar en una copia por parte del Pirri algecireño del caballa madridista, José Martínez Sánchez. Pero no: En todo caso sería al revés --puntualizó cierto aficionado-- porque Salvador nació en 1932  y José en el 45. Y, salvando las distancias, no le faltaba razón.
Con él apelativo de Pirri , Salvador Uceda lo fue todo en, y para, el Algeciras CF. Pertenece Salvador a esa élite de deportistas que se entregan a los colores de un club, en los distintos espacios del mismo, con humildad casi anónima. Jugador primero, allá por los lejanos años de la década de los cincuenta, causaba admiración por su velocidad, dribling y facilidad en el disparo a puerta. Pudo haber sido figura de relumbrón pero le faltó ambición. En la dicotomía entre el trabajo fijo, seguro, y el aleatorio del fútbol profesional, de corta duración, no se atrevió a darse de lleno a éste último, que, pese ser su auténtica vocación, nunca permitió que pasara de hobby. Y conste que no le faltaron ofertas tentadoras de clubes de alto standing. Pero no; la onza que llevaba dentro no fue capaz de doblarla o, al menos, cambiarla. Siguió siendo figura pero sin el brillo del oropel que merecía y de él se esperaba.
El tiempo, en ley de vida, le obligó a dejar de correr la banda de los rectángulos de juego, cambiándola por la del ocio, pero no fue capaz de apartar a Pirri de su vale quien sirve a la elástica albirroja del club de sus amores. Y de la participación activa dando y marcando goles decisivos que ponían en pie los graderíos de El Mirador, pasó al trabajo en la sombra callado, oscuro, silencioso, pero  no por eso menos importante, de directivo. Con Ruiz Simón, primero; Modesto y José, después: para cerrar finalmente con Paco Quero. En sus respectivas directivas vivió e hizo vivir de todo un poco; tardes que sumaron temporadas nefastas y jornadas de alborozo, culminadas con un ascenso a categoría nacional en, y ante, el Barbastro.
En su deambular de cometidos, tampoco obvió la dirección técnica, que asumió cuando para ella fue solicitado con el fin de echar una mano y ayudar al mítico e inolvidable Andrés Mateo, a la sazón entrenador del primer equipo de El Mirador. Y entre bastidores, continuó su hacer camino deportivo, en algecireño y algecirista, dándose al filial entre canteranos, a los que insufló sus conocimientos técnicos y, ante todo, la deportividad como valor básico, fundamental, que debe esgrimir cualquier jugador en las canchas de juego. Sin perder su eterna flema, supo transmitirles también la máxima kiplingniana de nunca darse por vencido, ni entregarse,  cuando vayan mal las cosas… Cosas que a él, siempre le fueron bien dentro y fuera del ámbito deportivo futbolístico; dentro, por ser su lealtad al club, y entrega sin reservas a las funciones que le fueron encomendadas, santo y seña de su quehacer; fuera, en el rodar del balón de la vida, por su facilidad para hacer amigos, ser querido, y respetado, en cuantos foros pisa, pasa, y le toca protagonizar, bien como primero de la fila, o como el último que la cierra. Hoy a sus setenta y algunos años más, Salvador Uceda Muñoz sigue siendo Pirri para todos, como lo fue en su pasado albirrojo con el que escribió su historia deportiva, en la que lo fue todo al servicio del Algeciras CF.
Prieto Poza
 
 
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